Teoría final: Cómo Rajoy se cargó a Tomás Gómez
19.02.2015 21:49
Domingo por la tarde. Alfredo P. Rubalcaba acaba de comer con varios amigos, algunos periodistas. Café recién servido. ¿Un chupito de aguardiente?, pregunta a los comensales. No hay respuesta. Suena el teléfono. Ring, ring...
-Ya están incordiando, murmura Alfredo.
Ring, ring, ringggg...!!!!
Alfredo P. Rubalcaba: -Sí, dígame!!!!
Al otro lado de la línea. -¡Don Alfredo! Buenas tardes. Soy... 'fulano'. (Se conocen). El presidente Rajoy quiere hablar con usted.
Rubalcaba: - Ah sí? Vale. Pásamelo.
Mariano Rajoy: -Hola Alfredo, perdona que te moleste a estas horas. Quiero hablar contigo un tema importante.
Rubalcaba: -Hola Mariano. No hay problema. Tomando café con los amigos. De prensa, ya sabes. Tú dirás.
Rajoy: -Es un tema delicado. Y quiero que me hagas un gran favor. Por el bien del Estado. Por el bien de España. Y no le digas nada a tus acompañantes.
Rubalcaba: -Hombre Mariano. Si puedo... Cuenta conmigo.
Rajoy: -Hay que cargarse a Tomás Gómez.
Rubalcaba: -Hombre Mariano. ¿Cómo dices? ¿Cargarse... a quién?
Rajoy: -Mira Alfredo, quiero que hables con Pedro Sánchez para que se cargue a Tomás Gómez. Nos tenemos que repartir Madrid porque no habrá mayorías. Unos la alcaldía y otros la Autonomía. Y con Tomás no habrá forma de pactar. Él prefiere a los de Podemos. Y claro, si él pacta con esos de Podemos... Arreglados vamos todos. Tenéis que poner de candidato a alguien más sensato. A alguien con más cabeza. A alguien con quien se pueda dialogar, negociar. No sé si me entiendes. No podemos dejar Madrid en manos de esos jóvenes inexpertos y comunistas. O bolivarianos, o lo que sean, qué más da. Hay que hacerlo, Alfredo. Por el bien de Madrid. Por el bien de España, Alfredo.
Rubalcaba: -Hombre Mariano...

RTVE
Rajoy: -Lo he pensado 'muy' mucho y no hay otra salida. ¿Lo vas a hacer? Es una cuestión de Estado, Alfredo. Esos de Podemos no pueden entrar en el ayuntamiento de Madrid. Y menos en la Puerta del Sol. Lo entiendes, no? España estará siempre en deuda contigo.
Rubalcaba: -Sí, sí, Mariano, pero...
Rajoy: -No hay peros, Alfredo. Mañana te llama Soraya y acordáis la forma y los pormenores. ¿Te parece?
Rubalcaba: -Vale, Mariano. De acuerdo.
Rajoy: -Bien Alfredo. Tú eres un hombre de Estado. Te echo de menos. Gracias y un abrazo.
Rubalcaba: -De nada, un abrazo.
Silencio en el salón. El café se ha quedado frío.
- ¿Qué quería Rajoy?, pregunta una voz femenina.
- Nada. Nada importante. Bueno, algo sí. Que convenza a Pedro Sánchez de que hay que cargarse a Tomás Gómez, contesta Rubalcaba.
- ¿Cómo? Cara de incredulidad en los comensales. ¿A Gómez? ¿Por qué?
- Porque Gómez, -replica Rubalcaba-, no pactará con el PP. Pactará con Podemos y entonces entrarían esos chicos en las instituciones de Madrid. Y se podría montar la de Dios es Cristo, vaya. Y mira que me cae mal el Gómez éste de los cojones. Pero cargárselo así....
- Pero es el representante legal. Fue elegido en unas primarias, replica la voz femenina. (Los periodistas masculinos están mudos). No me parece ni legal, ni democrático, ni nada. Ya se verá con quien se pacta. Lo mismo no hace falta.
- Da igual, replica Rubalcaba. Hay que cargárselo. Mañana hablo Soraya y vemos cómo. Luego me toca lidiar con Pedro (Sánchez) y ya veremos cómo sale esto. Pedro tampoco lo puede ver, así que... no será muy complicado. Tomaré venganza de viejos desaires. ¿Otro café? ¿Whisky, Ron, otra cosa?
Y las conversación giró por otros derroteros, fútbol incluido, con intervención de las voces masculinas sin nombre, mudas hasta ese momento.
El resto ya lo saben ustedes. Ya lo sabemos todos. Rubalcaba recibió el lunes a primera hora la llamada de Soraya y pactaron los términos de la defenestración. Luego fue a Ferraz (sede central del PSOE) y, como hombre de Estado, se lo comunicó a Pedro Sánchez. Se lo impuso. Y Sánchez, el martes, se cargó a Tomás Gómez, para mayor gloria de la razón de Estado. Y para adulterar la libertad y la democracia. Todo sabido. Todo contado.
Así se traza el futuro. Así se las gastan los partidos, digo, los dirigentes de los partidos. ¿Y los votantes? No me haga reír. Los ciudadanos votan al candidato que diga el jefe del partido propio o del partido contrario. Tanto monta. Lo importante son los dirigentes. ¿O no? Está bastante claro.
¿Y la democracia?
¡Va! ¿La democraciaaa...? No me hagan reír.
Oiga, juntaletras. ¡No fue así!
¿Ah, no? No esté usted tan seguro.
Eladio del Prado
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